Es imposible hablar de un viaje o de un pais de manera objetiva.
Esta es nuestra version; las fotos que nos marcaron... la realidad a traves del filtro de nuestro objetivo.
Me encanta esta foto; la sacamos en Bahia Drake: Un lugar increiblemente inaccesible en coche (sobre todo durante el periodo de lluvias) en el suroeste de Costa Rica. Justo despues de hacerla tomamos una de las decisiones mas descabelladas de nuestro periplo. Volver a nuestro paraiso perdido en Puerto Viejo, lo que suponia atravesar de nuevo TODO el pais, es decir, 10 horas de viaje en sentido inverso!
Fue la mejor decision de nuestras vidas. No recuerdo en toda mi vida haber tenido un sentimiento de hogar tal como el del dia en el que volvimos a ver aquel pedazo de tierra prometida desde el otro lado de la orilla.
Hay algunos lugares en el mundo que parece imposible que existan. Costa Rica es uno de ellos. Es una jungla tropical gigantesca surcada por algunas carretras y caminos y decorada con muy poquitas casas de madera. Como si sus propios habitantes no hubiesen osado destruir demasiado lo que les rodeaba.
En Costa Rica hay playas improbables dignas de la mejor palicula de naufragos. Hay calas saturadas de frondosa vegetacion. Hay bosques nubosos, bosques con lianas donde uno se peude sentir Jane al lado de su heroe Tarzan mientras desciende por la tirolina.
Hay tormentas tropicales, tomentas electricas, con rayos que parten un arbol delante de tus ojos, hay lluvias salvajes que duran 10 minutos, y un salvaje sol que cuando sale uno se cree que el mundo estallara de luz.
En Costa Rica hay olas gigantes rompiendose contra la orilla de sus playas de cine de arena roja y de aguas de un azul tan verde como los ojos de Fred.
Costa Rica es lo contrario de Paris, pero ambas de una belleza igualmente salvaje y a veces demesurada.
La vegetacion es densa, los bosques profundos y sus animales libres.
Las noches son igualemnte salvajes: pajaros, jaguares, camaleones, monos e inectos de todo tipo encuentran en la noche un lugar totalmente seductor. La noche es CR es extremadamente particular, la naturaleza de su propio concierto.
Aunque todo el pais es simplemente espectacular, hay un lugar recondito en el que nosotros encontramos nuestro paraiso perdido, y este lugar se llama Puerto Viejo.
Acogidos las primeras noches por Emilio, descubrimos este lugar desde la "Casita de la playa Chiquita", una vasta propiedad construida sobre 5000 metros cuadrados por un arquitecto espagnol.
La casita de la playa estaba VIVA: caballos, jaguares, monos y millones de colibris vivian alli.
Respetuosos y ciertamente intimidados, intentamos cohabitar en su ecosistema selvatico.
La playa de la casita era uno de esos lugares en el que uno se siente como el primer ser humano de la tierra que lo visita.
Playa Chiquita y Playa Cocles eran el secreto mejor guardado de la costa caribegna de CR.: enormes palmeras, cocoteros y manzanillos escondian y protegian unos pocos metros de litoral de cine de la selva. Y en el horizonte las montagnas, cubiertas a menudo por una fina bruma que se difuminaba con el blanco de la espuma de las olas. Y ese agua verdiazul...
Cuando ya todo nos parecia insuperablemente autentico, CR nos dio un regalo.
Este regalo, bautizado por su duegna como "casa viva", se encontraba a escasos metros de la casita de la playa.
Casa Viva estaba situada en un meticuloso jardin selvatido y a escasos metros del mar era sencillamente un PARAISO. Casa Viva era todo lo que una pareja europea podria desearse a si mismos para sus vacaciones idilicas.
Una paz reinaba en aquella propiedad. Los unicos ruidos, el mar rompiendo las olas en la playa, los monos cambiando de arbol y los colibris cantando bajo el sol.
Aquel sitio nos robo el corazon.
Los dias pasaban a una velocidad imperceptibe e irreal y uno sentia perder a menudo la nocio del tiempo y casi de la vida.
Playa Uvita (la playa de Casa Viva) era la hermana major de Playa Chiquita. Protegida tambien por la jungla del parque Nacional de Gandoca-Mnazanillo, la habia se dejaba acariciar a ambos lados por enormes cocoteros, a veces rumbados sobre la arena.
Y no hablemos de la gastronomia.
Cada magnana, sobre el porche de casa frente al mar, Fred preparaba cafe y Pigna e CR recien cortada a la que agnadiamos los deliciosos croissants artesanales de crema de "El duende Gourmand", un suizo que se habia enamorado de CR y que decidio quedarse alli para siempre.
A mediodia, a menudo comiamos pargo a la parilla con salsa caribegna o langosta en Maxi's, en Manzanillo. O los exquisitos camarones de Selvin's.
Las noches, siempre fieles a nuestro amado KOKI. Un restaurante simplemente perfecto. Francisco, nuestro camarero, nos aconsejaba cada noche deliciosos platos, perfectamente presentados y decorados, dignos de mejor retaurante de la capital francesa. Atun, verduras crujientes, pargo, parillada con pure de papas y hermosos y finos patacones... y el indispensable batido de pigna! Para habernos matado.
Francisco no conocia Paris y creo que le habriamos regalado nuestro billete de avion de vuelta con tal de quedarnos alli tres semanas mas.
Pero un viaje es un viaje y nuestro camino debia proseguir.

